Sobre galletas y ventanas…

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¡”Cookies” listas para comer!

Habitualmente cuando pensamos en el desarrollo de la tecnología nos ponemos a pensar en los beneficios que conllevan estos avances en diferentes campos como el de la informática. Hoy en día podemos hablar sobre ordenadores o computadoras, teléfonos con diversas funcionalidades, programas y aplicaciones que son capaces de hacer nuestra vida más llevadera y placentera.

No obstante, si nos centramos en el área lingüística podemos sustentar que el avance ya mencionado ha contribuido a la aparición de un conjunto bastante numeroso de neologismos particularmente dentro del ámbito de la informática. Sin hacer un excesivo esfuerzo casi inmediatamente nos llegan a la mente algunos vocablos que ya son prácticamente habituales en el uso diario del vocabulario de las personas: tablet, driver, plug-ins, router, wi-fi. Si tradujéramos estas palabras podríamos decir tableta, controladores, enrutador o direccionador, y finalmente, señal inalámbrica. Luego tenemos hardware, malware, firmware, entre otros. Rebuscando algunos diccionarios en la red casi ninguno de ellos tiene una traducción al español, una de las pocas referencias que hemos podido encontrar es una traducción de malware a “código malicioso”, software puede ser “logicial” y firmware se manifiesta como “microprograma”. En otros casos los términos ingleses se han castellanizado o españolizado tales como: scanner es escáner, to click es cliquear, diskette es disquete, entre otros. ¿Y qué hacemos con cookies? ¿Lo traduciríamos como galletas? ¿Y qué diríamos sobre Windows? ¿Nos atreveríamos a escribir Ventanas? ¡Lo dudamos! Por su parte, la Real Academia Española en algunos casos ha propuesto algunas alternativas al lenguaje tecnológico y estos son algunos ejemplos: software no es sólo interpretado como soporte lógico sino también como programas o aplicaciones informáticas. Hardware es traducido como equipo (informático) o componente, también existe la opción especializada de soporte físico. Tenemos a nuestro alcance una gama de opciones nada despreciable, sin embargo, ¿cuál de todas ellas elegir? Se puede afirmar que las reglas del juego en el idioma no las deciden las Academias de Lenguas en muchos casos sino los hablantes.

Como es sabido, la lengua se desarrolla casi impredeciblemente, nuevas palabras asoman en nuestro vocabulario y otras se evaporan y terminan en el baúl de los recuerdos. Si bien nuestro veredicto tenderá a ser categórico indicaremos que así fue, así es y así será. Ante tal desafío, hay que estar al tanto de estos cambios para que la lengua escrita no se distancie de la oral. A pesar de que existan diversas alternativas, válidas por supuesto, habría que preguntarse quién es tan consecuente con el uso de la lengua de Cervantes que uno solamente escogería los vocablos propuestos y aceptados por la RAE. Algunos lo harán otros no, pero ¿quién estaría equivocado o correcto? Incluso aquellas personas bastante conservadoras o tradicionalistas que no deseen recurrir a anglicismos se verán obligadas a ceder a la presión y utilizarán vocablos que quizás nunca se hubieran imaginado.

Volvámonos a hacer la pregunta: ¿Qué hacer ante la invasión de tantos anglicismos informáticos? Salomónicamente podemos decir que los usuarios que tenemos en Tansa pueden inclinarse por el vocablo que consideren el más adecuado según el perfil que tengan; no está demás decir que existe la posibilidad de que todo usuario tiene la facultad de registrar el término preferido o más adecuado en su Diccionario Auxiliar.

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¿El Sistema Operativo Windows?

Podemos terminar este artículo ahora pero éste no será el punto final de nuestras controversias, al contrario, estamos con la certeza de que nuevos neologismos surgirán y nuevas disputas entre palabras a elegir tendrán lugar posiblemente en el preciso momento en que esté leyendo estas líneas.

¿Qué nos queda decir? Quizás nos quedaremos disfrutando del ambiente bohemio de algún café bonaerense del emblemático barrio San Telmo abriendo las ventanas para que entre tímidamente un soplo de aire fresco, así mismo, estaremos comiendo algunas galletas de vainilla al son de un nostálgico tango de Gardel y teniendo delante de nosotros nuestra tableta libre de códigos maliciosos con un soporte físico moderno conectados al direccionador de alguna señal inalámbrica disponible.

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